Recapitulemos:
Principios de noviembre. Me hacen un trasplante de córnea por el que llevaba casi cuatro años de espera. Todo marcha bien y sin problemas.
Mitad de diciembre. Me doy un golpe en el ojo operado. Se produce una perforación del ojo y se levanta la córnea trasplantada. Nueva operación de urgencia el mismo día para subsanar los daños. Se consigue arreglar el desastre y todo, hasta donde permite ver el hematoma interno, parece que está bien.
Finales de enero. Todo no estaba bien. Cuando se consigue ver se descubre que la retina está desprendida. Toca entrar nuevamente en el quirófano para pegarla. Luego le sigue unatortura recuperación de un mes (treinta y un días exactamente) castigada con la cabeza mirando al suelo.
A día de hoy, aunque con el ojo lleno de puntos, ya voy con la cabeza alta, la retina está pegada y la córnea transparente. Además ya el médico me permite hacer algunas cositas que no me supongan grandes esfuerzos como cocinar.
Así que ya estoy de nuevo por aquí y aunque sin abusar les iré dejando nuevas recetas.
Mi idea era volver publicando el King cake que me quedó pendiente del Desafío en la cocina de enero, pero como estamos tan cerquita del de este mes, lo he dejado pendiente y vuelvo, como no, con una receta de pollo. Es una idea que le vi hace algún tiempo a Isa Reina y que me pareció perfecta para estrenar estas cazuelitas tan monas que me había comprado.
Antes de explicarles cómo lo hice me gustaría dar las gracias a todas las personas que han estado pendientes de mí y que se han preocupado por mi progreso. La verdad es que se agradece mucho todas las palabras de ánimo.
Afortunadamente yo soy de la filosofía de que lo que no te mata te hace más fuerte y un hecho está claro: viva estoy.
Bueno, vamos ya con la receta.
Los ingredientes que usé fueron:
Empezamos troceando la pechuga en trozos pequeños. La condimentamos con ajo en polvo, perejil seco, sal y una cucharada de aceite de oliva. Lo ideal sería dejarla reposar cubierta con film al menos media hora en la nevera.
Calentamos una sartén y volcamos en pollo en ella. Lo dejamos hasta que esté selladito. Retiramos de la sartén y reservamos.
Ponemos un poco de aceite en la sartén y echamos los ajos.
Cuando los ajos empiecen a desprender su aroma añadimos la cebolla y dejamos que se vaya pochando.
Mientras picamos pequeñito los pimientos y la zanahoria.
También picamos el calabacín, en trozos un poco más grandes que el resto de la verdura.
Cuando la cebolla esté pochada, añadimos las verduras a la sartén, echamos sal y pimienta y removemos. Dejamos hasta que estén cocinadas, removiendo de vez en cuando con una cuchara de palo.
Mientras se va haciendo la verdura, podemos ir preparando la bechamel. (También podemos usar una comprada y nos ahorramos este paso).
Ponemos la mantequilla en la sartén a fuego medio y dejamos que se derrita.
Añadimos la harina y removemos con varillas para que se tueste por igual.
A la vez que removemos, vamos añadiendo la leche poco a poco a la sartén, para que no se formen grumos.
Una vez incorporada toda la leche, añadimos sal, pimienta y un poco de nuez moscada. Seguimos removiendo.
Mantenemos la bechamel al fuego, sin dejar de remover, hasta que hierva y notamos que espesa.
Cuando la verdura esté cocinada, añadimos el pollo reservado, removemos para que se mezcle bien y dejamos unos minutos más al fuego.
Vamos ya con el montaje de las cazuelitas. (También lo podemos hacer en una única fuente).
Primero pondremos el horno a precalentar a 210º.
Repartimos el pollo con verduras en las cazuelas.
Regamos con la salsa bechamel.
Espolvoreamos con la mozarella rallada al gusto, según les guste con más o menos queso.
Metemos en el horno con el gratinador hasta que veamos que está doradito, unos diez minutos más o menos.
Sólo nos queda dejar que se templen un poco para no quemarnos y disfrutar de este delicioso plato.
Una auténtica gozada.
Principios de noviembre. Me hacen un trasplante de córnea por el que llevaba casi cuatro años de espera. Todo marcha bien y sin problemas.
Mitad de diciembre. Me doy un golpe en el ojo operado. Se produce una perforación del ojo y se levanta la córnea trasplantada. Nueva operación de urgencia el mismo día para subsanar los daños. Se consigue arreglar el desastre y todo, hasta donde permite ver el hematoma interno, parece que está bien.
Finales de enero. Todo no estaba bien. Cuando se consigue ver se descubre que la retina está desprendida. Toca entrar nuevamente en el quirófano para pegarla. Luego le sigue una
A día de hoy, aunque con el ojo lleno de puntos, ya voy con la cabeza alta, la retina está pegada y la córnea transparente. Además ya el médico me permite hacer algunas cositas que no me supongan grandes esfuerzos como cocinar.
Así que ya estoy de nuevo por aquí y aunque sin abusar les iré dejando nuevas recetas.
Mi idea era volver publicando el King cake que me quedó pendiente del Desafío en la cocina de enero, pero como estamos tan cerquita del de este mes, lo he dejado pendiente y vuelvo, como no, con una receta de pollo. Es una idea que le vi hace algún tiempo a Isa Reina y que me pareció perfecta para estrenar estas cazuelitas tan monas que me había comprado.
Antes de explicarles cómo lo hice me gustaría dar las gracias a todas las personas que han estado pendientes de mí y que se han preocupado por mi progreso. La verdad es que se agradece mucho todas las palabras de ánimo.
Afortunadamente yo soy de la filosofía de que lo que no te mata te hace más fuerte y un hecho está claro: viva estoy.
Bueno, vamos ya con la receta.
Los ingredientes que usé fueron:
- Una pechuga de pollo.
- Dos o tres zanahorias.
- Un calabacín.
- Un pimiento rojo.
- Medio pimiento verde.
- Una cebolla.
- Dos dientes de ajo.
- Una cucharada de mantequilla.
- Una cucharada de harina.
- Unos 300 ml. de leche.
- Queso mozarella rallado.
- Sal.
- Pimienta.
- Ajo en polvo.
- Perejil seco.
- Nuez moscada.
- Aceite de oliva.
Empezamos troceando la pechuga en trozos pequeños. La condimentamos con ajo en polvo, perejil seco, sal y una cucharada de aceite de oliva. Lo ideal sería dejarla reposar cubierta con film al menos media hora en la nevera.
Calentamos una sartén y volcamos en pollo en ella. Lo dejamos hasta que esté selladito. Retiramos de la sartén y reservamos.
Pelamos la cebolla y los ajos. Quitamos las semilla y nervaduras de los pimientos. Raspamos las zanahorias y quitamos las puntas al calabacín.
Picamos bien menuditas la cebolla y los ajos.Ponemos un poco de aceite en la sartén y echamos los ajos.
Cuando los ajos empiecen a desprender su aroma añadimos la cebolla y dejamos que se vaya pochando.
Mientras picamos pequeñito los pimientos y la zanahoria.
También picamos el calabacín, en trozos un poco más grandes que el resto de la verdura.
Cuando la cebolla esté pochada, añadimos las verduras a la sartén, echamos sal y pimienta y removemos. Dejamos hasta que estén cocinadas, removiendo de vez en cuando con una cuchara de palo.
Mientras se va haciendo la verdura, podemos ir preparando la bechamel. (También podemos usar una comprada y nos ahorramos este paso).
Ponemos la mantequilla en la sartén a fuego medio y dejamos que se derrita.
Añadimos la harina y removemos con varillas para que se tueste por igual.
A la vez que removemos, vamos añadiendo la leche poco a poco a la sartén, para que no se formen grumos.
Una vez incorporada toda la leche, añadimos sal, pimienta y un poco de nuez moscada. Seguimos removiendo.
Mantenemos la bechamel al fuego, sin dejar de remover, hasta que hierva y notamos que espesa.
Cuando la verdura esté cocinada, añadimos el pollo reservado, removemos para que se mezcle bien y dejamos unos minutos más al fuego.
Vamos ya con el montaje de las cazuelitas. (También lo podemos hacer en una única fuente).
Primero pondremos el horno a precalentar a 210º.
Repartimos el pollo con verduras en las cazuelas.
Regamos con la salsa bechamel.
Espolvoreamos con la mozarella rallada al gusto, según les guste con más o menos queso.
Metemos en el horno con el gratinador hasta que veamos que está doradito, unos diez minutos más o menos.
Sólo nos queda dejar que se templen un poco para no quemarnos y disfrutar de este delicioso plato.
Una auténtica gozada.






